En esta época digital, o en el tiempo que vivimos. Parece que el tiempo no importa. Por que ya todo es importante, aun cuando nadie se de importancia a si mismo. Pero yo que se, o que podría saber al respecto…

Es la vida, la que imita al arte…
Estoy iniciando una nueva etapa en mi haber creativo. Aunque hablar solo nunca ha sido un problema, nunca me había grabado. Mucho menos pensado en que decir para no dejar de hablar. En fin, dicen que en esta vida lo bueno es el cambio y si algo aprendimos de nuestro señor Quetzalcoatl; es que la transformación es inherente, necesaria y parte de nuestras vidas.
Adentrarme en la basura de mundo digital es una aventura que ni el mismísimo Indiana Jhones se hubiera imaginado tener que enfrentar. Aún así, creo que es por cosas como Indiana Jhones que me cuesta tanto trabajo creer que atrás de una computadora, esta el futuro.
–
La belleza del trazo, o del rostro. Del cuerpo el ser. No entendemos lo más básico y nos enamoramos del caparazón desechable y fortuito. Condenado a morir, a echarse a perder. Y nosotros, poniendo nuestra fe y esperanza en algo vano y vacío como la imagen, el tamaño, la forma. Cosas que solo le deberían de importar al arte. Aunque que sabrías tu de lo que le importa al arte.
La simetría del rostro. En una cara de jalisco. Hay tantos ejemplos de belleza que te volverías loco.
Y entre la locura y lo cuerdo, hay poco de distancia. Diría yo que un paso. Pero más sabio es el loco, que camina alejado de los falsos cuerdos. Que al abrazar su conciencia, pierden la vida con tal de encajar. De pertenecer. De llenar el vacío que los absorbe.
Que ironía no… El vacío que llena el cuerpo.
El cuerpo de una generación tan llena de todo, que no tiene nada…
De pelear, de luchar. De usar los puños para comunicar lo que importa. Por que para todo lo demás, no hay palabras.
No somos nada, yo soy Hayueshayu. Vamos por todo.